Parte de los resúmenes
Aquí van los reúmenes de las dos primeras lecturas. (pero todavía me quedan otras 3 más Sweezy!!!)
RESUMEN DE LECTURAS
Lectura Nº 1: Gino Longo: “Características del conocimiento científico”, en Manual de economía política, Comunicación, Serie B, pp. 17-24.
El texto de Gino Longo profundiza en el significado del concepto conocimiento científico a partir de premisas marxistas. Para el autor, “la finalidad del conocimiento y, por tanto, de la investigación científica, consiste en descubrir las normas, o sea, las leyes del universo empírico que rodea al hombre, de la realidad objetiva en la que éste se halla inmerso” (pág. 2).
Este tipo de conocimiento, se basa en tres aspectos fundamentales.
Primero, el científico tiene la obligación de describir y explicar la realidad; debe lograr explicar la realidad objetiva a partir de sí misma, evitando introducir elementos ajenos a ella. Gino Longo hace referencia a Hegel cuando afirma que, en última instancia, la ciencia no debe solamente proporcionar una explicación de la naturaleza, sino también su comprensión y conocimiento. Es decir, “conocer las relaciones que se establecen objetivamente entre los fenómenos de la realidad” (pág.2). El conocimiento de la realidad a partir de ella misma es la característica principal que distingue entre lo que es ciencia de lo que no lo es.
Continuando con este razonamiento, el autor se decanta por el marxismo al afirmar que “constituye la primera concepción del mundo basada total y exclusivamente en la ciencia” (pág. 3). La aplicación del razonamiento científico a todos los fenómenos de la existencia humana lleva, inevitablemente, al materialismo filosófico de Kart Marx y Friedrich Engels. Por lo tanto, toda ciencia coherente debe ser, necesariamente, materialista.
El tercer aspecto fundamental del conocimiento científico, es la acción. El conocimiento científico es una actividad humana destinada a la acción, entendida como la capacidad de la ciencia de modificar la realidad que previamente ha conocido y explicado. El autor hace aquí referencia a la clásica distinción marxista entre conocimiento y praxis, las cuales se condicionan mutuamente. “El conocimiento, que conduce a la cognición, es premisa de la acción, mientras que la acción es el fin último del conocimiento” (pág. 3).
Sin embargo, Gino Longo hace hincapié en no confundir el objetivo de la ciencia con la praxis. La meta última del conocimiento científico siempre será la cognición, entendida como la búsqueda de la verdad. De este modo, describe la relación entre ciencia y praxis en el siguiente esquema: “actividad cognoscitiva → cognición e interpretación de la realidad → praxis destinada a modificar la realidad” (pág. 4).
Por último, Longo hace referencia a la distinción básica que ha de hacerse entre una persona que se dedica a la ciencia-conocimiento, acción individual, de la que se dedica a la acción, necesariamente colectiva. Ambas actividades se dan únicamente en sociedad, son actividades colectivas, pero no deberían juntarse en una misma persona. Un científico debe mantenerse ajeno a la acción para salvaguardar la objetividad de su conocimiento. “El hombre de ciencia […] nunca debe preocuparse por las consecuencias prácticas de la misma, en contra de lo que ocurre con el hombre de acción” (pág. 4). Si lo hiciera, se convertiría en otra cosa, quizás un ideólogo, pero dejaría de ser un representante de la ciencia.
Lectura Nº 2: Roberto Carballo, “Nota Crítica de la lectura de Gino Longo, Manual de Economía Política, pp. 17-24”.
En este texto, el profesor Carballo hace una serie de reflexiones en torno a la obra de Gino Longo resumida en el apartado anterior.
En un primer lugar, defiende la definición de ciencia de Schumpeter[1] criticada por Longo de superficial y excesivamente empirista. Para Carballo, “tiene la virtud de ser una definición abierta que remarca la consciencia y la sistemática” (pág.7), características de la actividad científica. Sin embargo, ambas definiciones son muy parecidas al equiparar la ciencia al progreso “como un culto cuasi-religioso” (pág. 7). Para Longo desde un punto de vista materialista, para Schumpeter idealista, pero idénticos en considerar a la ciencia fuente de progreso inagotable.
El culto al progreso como ciencia es una constante en el pensamiento marxista. Aquí el autor llama la atención sobre la siguiente paradoja: la etapa histórica en la que predomina la ciencia como forma de conocimiento, representaría para el marxismo la fase terminal de la historia así como el capitalismo representa en la ciencia económica burguesa también la última fase de la historia, aunque no para el marxismo.
A continuación, Carballo critica la concepción materialista de la ciencia que afirma ser capaz de explicar la realidad objetiva a partir de ella misma. Tal objetivo le parece imposible de realizar, dado que la ciencia no es capaz de delimitar la realidad objeto de estudio y se dedica a imponerla una serie de hipótesis, axiomas y premisas que no surgen a partir de la realidad misma.
Por último, el autor plantea un debate al lector. A raíz de la afirmación de Gino Longo sobre la imposibilidad de ser un científico y, a la vez, una persona de acción, Carballo plantea la posibilidad de que la ciencia sea, en sí misma una actividad, una praxis. Si se acepta su presunción, la tesis de Longo quedaría invalidada y el científico no debería ser apartado de la política, del mundo de la acción.
[1] “Es ciencia cualquier tipo de conocimiento que haya sido objeto de esfuerzos conscientes para perfeccionarlo. Estos esfuerzos producen hábitos mentales –métodos o técnicas- y un dominio de los hechos descubiertos por esas técnicas” (J. Schumpeter, Historia del análisis económico)
Lectura Nº 2: Roberto Carballo, “Nota Crítica de la lectura de Gino Longo, Manual de Economía Política, pp. 17-24”.
En este texto, el profesor Carballo hace una serie de reflexiones en torno a la obra de Gino Longo resumida en el apartado anterior.
En un primer lugar, defiende la definición de ciencia de Schumpeter[1] criticada por Longo de superficial y excesivamente empirista. Para Carballo, “tiene la virtud de ser una definición abierta que remarca la consciencia y la sistemática” (pág.7), características de la actividad científica. Sin embargo, ambas definiciones son muy parecidas al equiparar la ciencia al progreso “como un culto cuasi-religioso” (pág. 7). Para Longo desde un punto de vista materialista, para Schumpeter idealista, pero idénticos en considerar a la ciencia fuente de progreso inagotable.
El culto al progreso como ciencia es una constante en el pensamiento marxista. Aquí el autor llama la atención sobre la siguiente paradoja: la etapa histórica en la que predomina la ciencia como forma de conocimiento, representaría para el marxismo la fase terminal de la historia así como el capitalismo representa en la ciencia económica burguesa también la última fase de la historia, aunque no para el marxismo.
A continuación, Carballo critica la concepción materialista de la ciencia que afirma ser capaz de explicar la realidad objetiva a partir de ella misma. Tal objetivo le parece imposible de realizar, dado que la ciencia no es capaz de delimitar la realidad objeto de estudio y se dedica a imponerla una serie de hipótesis, axiomas y premisas que no surgen a partir de la realidad misma.
Por último, el autor plantea un debate al lector. A raíz de la afirmación de Gino Longo sobre la imposibilidad de ser un científico y, a la vez, una persona de acción, Carballo plantea la posibilidad de que la ciencia sea, en sí misma una actividad, una praxis. Si se acepta su presunción, la tesis de Longo quedaría invalidada y el científico no debería ser apartado de la política, del mundo de la acción.
[1] “Es ciencia cualquier tipo de conocimiento que haya sido objeto de esfuerzos conscientes para perfeccionarlo. Estos esfuerzos producen hábitos mentales –métodos o técnicas- y un dominio de los hechos descubiertos por esas técnicas” (J. Schumpeter, Historia del análisis económico)

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