Sistema Económico Mundial

Este blog ha sido creado para facilitar el seguimiento del trabajo realizado para la asignatura de Sistema Económico Mundial.

14 febrero 2007

SWEEZY, por fin !

Por fín he terminado con Sweezy. Me ha costado tanto entenderlo que he tenido que pedir prestado un libro sobre conceptos marxistas, Diccionario del pensamiento Marxista, de Tom Bottomore.

Cuelgo aquí, todo seguido, las partes que me han tocado resumir: la introducción (lectura individual obligatoria), Cap. II El problema del valor cualitativo (del punto 1. al 6.) y el Cap. VI entero, La tendencia descendente de la tasa de la ganancia.

He tenido que resumir mucho para que quede un texto legible, lógico y coherente. Espero no haberlo sintetizado en exceso. Por otro lado, al final estaba ya tan harta de resumir que aproveché que finalmente entendía algo para introducir mi pequeña reflexión sobre el capitalismo actual (aprovechando que Sweezy critica a Marx en el cap. VI, me atreví ha hacerlo yo también, jeje)

Comentario
Paul Sweezy, Teoría del Desarrollo Capitalista.
Fondo de Cultura Económica, México, 1974.

Introducción
La economía denominada clásica ve a las relaciones económicas como un libre intercambio entre productores. El marxismo, en cambio, logró poner en evidencia que detrás de esa aparente sencillez hay un trasfondo en el que se encuentran relaciones sociales y mecanismos de explotación y apropiación del trabajo y su valor por parte de unos hacia otros.

Paul Sweezy, recientemente fallecido economista marxista de Estados Unidos, fundador de la famosa revista Monthly Review, hace en este libro una lectura de parte del pensamiento de Karl Marx, con una perspectiva crítica a la vez que actualizando su pensamiento. Su intención es “descubrir lo que se puede, si algo se puede, aprender de Marx” (pág. 18).

En la introducción, el autor realiza una lectura crítica de los economistas clásicos, tomando la obra de Lionel Robbins, Naturaleza y significación de la ciencia económica, como ejemplo. Sweezy considera que los economistas manejan un lenguaje que encubre la realidad de las relaciones sociales. Conceptos como renta, interés, ganancia, capital, son asumidos con una cierta naturalidad, pero, en realidad “se les extrae el contenido social y las categorías universales” (pág. 17).

En particular, el autor toma el ejemplo del salario. Para los economistas clásicos, el salario es la cantidad de dinero que los patronos pagan por un trabajo determinado a sus trabajadores o trabajador. El salario para Marx, sin embargo, y en la lectura de Sweezy, es la expresión de una relación en la que están presentes otras variables (por ejemplo, inversión en infraestructura) y muy especialmente, la acumulación que se logra a través de la transformación el trabajo en mercancía. En otras palabras, cuando el trabajo de cada uno se transforma en mercancía, se producirá una ganancia por plusvalía, o valor que el conjunto de trabajadores invierten en la producción, y que redunda en beneficio de los propietarios de los medios de producción.

El intento de Sweezy, en definitiva, es tomar las relaciones sociales “y ponerlas a discusión”.

II. El problema del valor cualitativo
Tal como lo explica en la Introducción al libro, Sweezy sigue la línea de Marx de mostrar o desvelar conceptos que la economía clásica o convencional utiliza, y desde ahí llegar a explicar las relaciones sociales que se manifiestan en esos conceptos.

Mercancía es el primer ejemplo que toma en este capítulo. Sweezy cita al gran economista Adam Smith para quien la naturaleza humana tiene una tendencia a “traficar, a trocar y a cambiar una cosa por otra” (pág. 33) y que asoció el intercambio con la división del trabajo. Pero a continuación explica, siguiendo a Marx, que las dos cosas deben verse de forma separada para, posteriormente, poder unirlas en una forma diferente de verlas.

Marx consideraba que la división no está necesariamente ligada al cambio o intercambio. “La producción de mercancías no es la forma universal e inevitable de la vida económica” (p´g. 34), dice Sweezy. Y volviendo a Marx recuerda que “los productos sólo pueden convertirse en mercancías, los unos con relación a los otros, como fruto de diferentes clases de trabajo, siendo cada clase realizada independientemente y por cuenta de individuos privados” (pág. 34).

Esto cuestiona la idea que la producción de mercancías esté en la naturaleza humana. El intercambio o trueque era una cosa, pero una división más compleja de la producción es lo que genera “relaciones sociales subyacentes a la forma mercancía”, como indica Sweezy. O sea que hay “una relación específica, históricamente condicionada entre productores” (pág. 35).

Ahora es preciso volver atrás. Sweezy plantea que la originalidad de Marx fue poner juntas el valor cualitativo y el valor cuantitativo en un solo “armazón conceptual” (pág. 35). De ahí surge la teoría del valor de uso y la de valor de cambio.

Valor de uso
Marx consideró que toda mercancía tiene un valor de uso y un valor de cambio. El valor de uso expresa una relación entre quien consume y el objeto consumido. Marx prestó menos atención al valor de uso dado que no encontró que tuviese una relación social directa. Pero el valor de uso es importante en la medida que es a partir de él que se desarrolla la “cadena causal” (pág. 36) que empieza en la producción simple y termina en el análisis sobre la división de clases entre obreros y trabajadores.

Valor de cambio
Las mercancías, explica Sweezy tienen un valor único porque expresan un valor de cambio de unas hacia otras. O sea, los productos tienen un valor en relación a otros productos en una sociedad que se rige por el intercambio.

La cuestión clave es que Marx volvió a poner las cosas en sus orígenes más esenciales, pero que la economía clásica encubriría. Las mercancías son productos del trabajo humano en sociedades con división del trabajo. El intercambio de mercancías es un cambio de productos del trabajo humano en una sociedad basada en esa división del trabajo. Este análisis, unido a la propiedad privada de los medios de producción, es lo que va a conducir a Marx a su análisis en el que identifica “el trabajo como sustancia del valor” (pág. 38).

Trabajo y valor
La teoría de Marx tiene una clara orientación a revelar lo que no es evidente. En el caso concreto del valor, Marx se refiere “al valor que yace oculto detrás” (pág. 38). Otro analista marxista, Petry, citado por Sweezy, indica que “sólo una propiedad de la mercancía nos permite suponerla portadora y expresión de relaciones sociales (...) su propiedad como producto de trabajo” (pág. 39).

El trabajo tiene dos aspectos que se vinculan con la teoría del valor en Marx. Por un lado tiene un valor de uso y por otro el valor de mercancía. Una mercancía tiene un valor de uso determinado por la utilización que haga de ella quien la consume. Pero hay otro valor importante que es el trabajo humano que se invierte en ella, junto con los recursos para fabricar esa mercancía.

Sweezy ofrece el ejemplo de una chaqueta que para producirla se precisan diversos elementos (paños, hilos) y maquinarias, pero recuerda que también hay un “gasto en trabajo humano” (pág. 39).

Marx hablaba de trabajo “abstracto” para referirse a todo el trabajo pero cuando ese trabajo se invierte en producir un bien, una mercancía, se transforma en “trabajo útil, concreto, que produce valores de uso” (pág. 40).

Trabajo abstracto
Marx consideró el trabajo abstracto como una definición genérica de toda actividad humana productiva. Su análisis se refiere al trabajo como “una sustancia” (pág. 40) que impregna cada cosa (cada mercancía).

La cuestión es que Marx se refirió a esta aparente generalidad para poder analizar su función como “esencia del capitalismo” (pág. 41), en palabras del filósofo Giorgi Lukacs. La sociedad capitalista cuenta con el trabajo como el motor esencial de su funcionamiento. En los trabajos de Marx se perfilan ya factores como la alta movilidad de los trabajadores, para desplazarse hacia donde hay trabajo (algo que se puede aplicar actualmente a un juego de oferta y demanda en los fenómenos de la crisis del trabajo en unas partes del mundo y la demanda de personas para pagarle bajos salarios en otras).

También Marx vio la cuestión del volumen total de trabajadores. O sea, que la aparente abstracción de Trabajo se materializó en sus análisis en la observación que el capitalismo toma al conjunto del trabajo o sea, como indica Sweezy, “el volumen total de la fuerza de trabajo social y su nivel general de desarrollo”. O sea que, en definitiva, se puede ver que hay una suma de trabajo social que es susceptible de transferencia de un uso a otro de acuerdo con la necesidad social, y de cuya magnitud y desarrollo depende en última instancia la capacidad productora de riqueza de la sociedad” (pág. 42).

La relación de lo cuantitativo con lo cualitativo en la teoría del valor
Sweezy dice que “el trabajo abstracto es la sustancia del valor” (pág. 42). Aquí comienza la parte del análisis marxista que llegará a ver la estructura de la economía política moderna.

Por un lado, las mercancías son valores que absorben una parte del total de la fuerza de trabajo disponible en la sociedad, La mercancía es, por lo tanto, el punto de partida y “la categoría central de la economía política de los tiempos modernos”(pág. 43). Esto significa que una mercancía “ha absorbido una parte del total de la actividad productora de riqueza de la sociedad”.

Marx se refería a la forma en que el valor expresaba “la parte del tiempo total de trabajo de la sociedad que se requiere para producirlo”.

En resumen, Marx conectó el trabajo invididual, el tiempo de trabajo, el trabajo abstracto (del conjunto de una sociedad dada) y la producción de mercancías. A partir de ahí otorgó a la mercancía un valor social. Ese valor es el que le llevará a revelar las formas de la explotación.

VI. La tendencia descendente de la tasa de la ganancia

Marx consideraba que la acumulación de capital iba unida a una mecanización progresiva del proceso de producción. Esto llevaría a mayor productividad, más eficiencia y competitividad. Por otro lado, esto supondría también tener que contratar más trabajadores (o menos, porque los adelantos tecnológicos reducen la necesidad de personal) y satisfacer más demandas de los trabajadores.

Los conceptos en juego en la teoría de la tendencia descendiente de la tasa de ganancia son composición orgánica del capital, plusvalía y tasa de ganancia.

Marx indicó que una serie de obstáculos podrían hacer que después de períodos de crecimiento y alta ganancia se produjeran momentos de crisis estructurales. Entre esos obstáculos se encuentran el abaratamiento del capital constante, el abaratamiento de la intensidad de exploración, la depresión de los salarios más debajo de su valor, sobrepoblación relativa y comercio exterior.

Sweezy comenta cada uno de estos elementos, y se aprecia que cada uno de ellos puede conducir a una caída de la tasa de ganancia, pero también pueden tener un efecto contrario. La principal contradicción aparece en que Marx indica que una tasa constante de la plusvalía coexistiendo con una composición orgánica ascendente del capital puede generar crisis. Sin embargo, Sweezy cree que esto es una contradicción. Y considera que otros autores que han seguido a Marx han equivocado también sus análisis.

Marx acertó en investigar que unos salarios más altos y unas condiciones de trabajo mejores harían descender directamente los beneficios y estimularían el aumento de la mecanización. Todo esto generaría más costes para el propietario de los medios de producción. A la vez, indicó que la competitividad y la ampliación del capitalismo a otras partes del mundo (recordemos que Marx vivió y escribió en el siglo XIX) le permitirían una salida a la crisis.

Sweezy, por su parte, indica que Marx no consideró suficientemente otras variables como es la fuerza de los sindicatos, la acción del Estado en beneficio de los trabajadores, las mejoras otorgadas por las organizaciones patronales, la exportación de capital y la acción del Estado hacia el capital.

Estos factores aminoran las crisis. La teoría de Marx, sin embargo, es muy importante para revisarla hoy cuando el capital es cada vez más internacional en el marco de la denominada globalización, cuando el trabajo asalariado ha cambiado fuertemente su composición (con grandes masas de trabajo no regular, migraciones, y contrataciones puntuales por tiempo corto), y cuando se ha producido la deslocalización de la producción y la alta tecnología ha sustituido en parte a la mano de obra.

Pese a estos factores, hay crisis cíclicas pero, al mismo tiempo, el sistema económico y financiero parece tener mecanismos para contener estas crisis. Entre tanto, la conciencia de clase de la que hablaba Marx parece estar más lejana que nunca.

Resto de lecturas

Aquí van el resto de resúmenes de las lecturas. Sigo sin entender a Sacristán! Por otro lado, con el lío de Sweezy no he resumido el primer capítulo porque ya lo había hecho Ned y yo ya no me entero de nada.....

Lectura Nº 3: Manuel Sacristán, “Qué es una concepción del mundo?”, en F. Engels, Antidühring, Grijalbo.

En la introducción a la edición en español de la obra de Friedrich Engels Antidühring, el filósofo marxista Manual Sacristán hace una serie de reflexiones sobre la distinción entre concepción del mundo y conocimiento científico.

Para ello, se centra primero en los aspectos formales de cada concepto.

Una concepción del mundo “es una serie de principios que dan razón a la conducta de un individuo” (pág. 9). Estos principios vienen a ser principios o creencias implícitas, “inconscientes”, que motivan la conducta de los sujetos. A nivel cultural, el concepto se refiere al conjunto de creencias que, explícitamente, profesa una sociedad. Se trata de una serie de afirmaciones acerca de la naturaleza del mundo físico y de la vida que se dan en una sociedad concreta. En base a las distintas concepciones del mundo nacen las ideologías.

En la tradición grecorromana, las concepciones del mundo dan lugar a distintos credos religioso-morales y a la filosofía sistémica. La concepción del mundo como un sistema fue abandonada a lo largo de la Edad Moderna. Concretamente, la aparición del positivismo supuso la constitución del conocimiento científico moderno.

El conocimiento positivista, tiene dos características principales: la intersubjetividad (cualquier persona preparada para ello puede verificar o falsar sus afirmaciones) y la capacidad de hacer previsiones exactas. Su metodología se basa en la argumentación analítica (inductiva o deductiva). “Las tesis de la vieja filosofía sistémica, de los dogmas religiosos y de las concepciones del mundo carecen de estos rasgos” (pág. 10).

Las concepciones del mundo, en cambio, contienen respuestas a cuestiones que la ciencia positivista no puede resolver mediante su metodología y características; preguntas en torno a la existencia de Dios, la finalidad de la vida, o la finitud del universo no son abarcables por el conocimiento científico.

Sin embargo, esto no quiere decir que la ciencia no se relacione nunca con la concepción del mundo. Es más, sus afirmaciones pueden influir en una determinada concepción del mundo vigente en una sociedad. Estos dos conceptos se relacionan entre sí de modo que, “como visión general de la realidad, la concepción del mundo inspira o motiva la investigación positiva misma” (pág. 10). A pesar de ello, es muy importante que durante su investigación, el científico mantenga firmemente la distinción entre conocimiento positivo y concepción del mundo, para lograr resultados realmente científicos.

La concepción marxista del mundo también era llamada por Engels “concepción materialista y dialéctica del mundo” o, simplemente, “concepción comunista del mundo”. Se trata de una concepción explícita del mundo porque se basa en conceptos reconocibles por la ciencia positivista y no en postulados idealizados o irracionales.

El papel de la filosofía en la concepción marxista está supeditado a la ciencia; es un nivel de pensamiento científico y no es superior a la ciencia. Su labor es inspirar la actividad investigadora y la reflexión sobre su marcha y resultados.

Los principios configuradores de la visión comunista del mundo son el materialismo y la dialéctica. El materialismo se basa en la renuncia de la filosofía sistémica y en el postulado inmanentista –aquel que afirma que el mundo debe explicarse por sí mismo sin “admitir la acción de causas no-naturales” (pág. 11)- que forman el hacer científico.

El materialismo se hace efectivo en la ciencia positiva a través de la metodología analítico-reductiva.

A partir de aquí no he comprendido el texto. No entiendo la relación entre la individualización de los objetos y las “totalidades concretas” y, sobre todo, el componente dialéctico de la concepción materialista del mundo.
No soy capar de resumir una lectura sin haberla entendido. Podría haber puesto cualquier cosa, una sucesión de conceptos que aparecen en el texto como si los hubiese entendido pero me parece que es un engaño.
Si me da tiempo, cuando termine de resumir el resto de lecturas y Sweezy, le doy un repaso y busco información complementaria para poder entenderla
.

Lectura Nº4: Gino Longo, “El mecanismo de la investigación científica”, en Manual de Economía Política, op. cit., pp. 25-40.

Esta lectura aborda las distintas etapas de la investigación científica para concluir que la característica esencial de toda ciencia es el método. Para el autor, el desarrollo de la investigación científica, el método, consta de cuatro etapas: la observación de los hechos; la formulación de hipótesis; la comprobación; y la reformulación de la hipótesis.

Toda investigación parte de la observación de los hechos. A partir de éstos, durante la segunda etapa, el investigador debe formular una hipótesis, “que explique el conjunto de los hechos de forma lógica y coherente” (pág. 14). Durante esta etapa, la fantasía y la intuición juegan un gran papel. Representan la capacidad que tiene el cerebro humano, a través de la conciencia, de representar la realidad y, también, conocerla y modificarla. La fantasía “permite formular las hipótesis que más tarde se comprobarán de acuerdo con los hechos” (pág. 15).

La tercera etapa consiste en “comprobar rigurosamente que las hipótesis formuladas corresponden a la realidad de los hechos” (pág. 15). La comprobación se puede hacer mediante observaciones posteriores de los hechos o bien por medio de experimentos en donde se reproducen artificialmente los hechos que se dan en la naturaleza. El investigador debe tener un fuerte sentido crítico y autocrítico durante esta etapa.

La cuarta y última etapa del trabajo científico consiste en una reformulación de las hipótesis iniciales como resultado de la comprobación realizada en la etapa anterior. De este modo, la investigación científica se convierte en una relación infinita entre teoría práctica que se retroalimenta. Sin embargo, la parte teórica (conceptualización de los fenómenos y formulación de relaciones hipotéticas verificables) y la observación de los hechos (análisis) deben realizarse por separado porque son aspectos distintos que requieren una atención diferenciada.

Ante la pregunta de por dónde se debe empezar la investigación científica; por la teoría o por el análisis, Gino Longo argumenta con firmeza que con la teoría comienza la verdadera investigación. “El hecho de dedicarse a una investigación concreta presupone ya un cierto interés teórico: en efecto, el plantearse un problema constituye una suposición primaria y, por lo tanto, una primera formulación teórica” (pág. 18).

Por otra parte, hay que tener en cuenta que la actividad investigadora, aunque realizada de forma individual, forma parte de una actividad colectiva, social y humana. Esto es así porque el investigador, a la hora de formular sus propias hipótesis y teorías, acude a los trabajos realizados anteriormente por otros investigadores: los corrobora o modifica y acaban siendo “partes integrantes de su propia investigación y elaboración” (pág. 18).

En conclusión, lo que logra la ciencia en cada fase de su evolución, es dar una determinada visión científica de la realidad. Esta visión de la realidad está conformada por los hechos y relaciones comprobados científicamente y los hechos y relaciones “deducidos lógicamente, hipotéticos, temporalmente supuestos, que integran a los momentos aislados de la visión en un conjunto coherente” (pág. 20). Todo esto es posible gracias al método científico que ofrece el esquema adecuado para conocer la realidad y, a la vez, los instrumentos para poder sustituir ese mismo esquema por uno más adecuado. En definitiva, el aspecto esencial de todas las ciencias es su método de investigación que permite “proporcionar una visión de la realidad cada vez más exacta, más ajustada, más rica que las anteriores” (pág. 21).


Lectura Nº 5: Roberto Carballo, “Ciencia y Método”, inédito.

En este texto, el profesor Carballo comenta y profundiza los textos anteriores de Gino Longo y Manuel Sacristán para exponer su visión sobre ciencia y método.

Sobre el significado de la ciencia, el autor afirma que es una actividad consciente humana y social que ha permitido a la humanidad una mayor comprensión de la naturaleza. Las consecuencias de esta actividad son el acercamiento a los propios límites del conocimiento humano y, por otro lado, un “sentimiento de prepotencia y de fe en las realizaciones humanas” (pág. 23) de tal forma que, en las sociedades actuales, se da un “culto cuasi-religioso” (pág. 23). Se ha pasado de adorar a dioses a confiar ciegamente en la ciencia de forma casi religiosa. A pesar de todo, la ciencia es cada vez más consciente de sus límites como queda reflejado en el hecho de que las leyes y teorías científicas son siempre limitadas y circunstanciales al tiempo y la sociedad en la que aparecen.

La ciencia es utilizada, desde una concepción marxista, como un instrumento más de dominación social: su organización interna está en manos de una minoría elitista y ésta es, en general, reacia al cambio de paradigmas. Además, los descubrimientos científicos se explicitan en “un lenguaje no universal” (pág. 23) y nunca son explicados los métodos de trabajo, de tal manera que quedan fuera del alcance de la mayoría. En este punto, el profesor Carballo introduce una crítica al sistema educativo universitario al afirmar que no se enseña en las aulas metodología científica cuando el método es el rasgo esencial y diferenciador de la ciencia.

El autor critica los intentos de demarcación de la ciencia que se han venido haciendo desde todas las corrientes ideológicas. Argumenta que establecer estrictos criterios de demarcación de lo científico, como han hecho autores como Marx, Longo y Popper, no ayudan a alcanzar el objetivo de libertad y progreso inherente a la ciencia. En cambio, apuesta por una definición abierta de la ciencia que se base en los criterios de consciencia, sistematización y autolimitación para lograr el objetivo de explicación de la naturaleza. Siguiendo esta línea, no existirían las ciencias, sino las teorías científicas “que constituyen una totalidad que es la ciencia en cada momento histórico” (pág. 24).

La separación entre ciencia y concepción del mundo que hace Engels en Antidühring, es para Carballo un juego analítico y teórico, no un problema real. Los resultados de la ciencia, siempre provisionales, también suponen una concepción del mundo. Por más que se quiera mantener a la ciencia neutral, ésta siempre estará condicionada por una ideología. Ni siquiera el método está exento de ideología. “Desde la etapa preanalítica hasta la refutación o falsación popperiana, la ideología impregna todas las etapas de la investigación y todas las formas exposititas a ella anejas” (pág. 26). Esto queda especialmente reflejado en las ciencias sociales que deben tener en cuenta, según Sunke, la “historicidad del objeto y la historicidad del sujeto”.

A continuación, el autor profundiza y amplía las distintas etapas del método científico expuestas anteriormente en las lecturas de Gino Longo. El énfasis concedido a cada etapa de la investigación, es lo que ha dado lugar a las distintas corrientes metodológicas. También influye el objeto de estudio en cuestión que hacer que los investigadores se inclinen más por una etapa que otra para obtener resultados.

La primera etapa, descripción de la realidad, viene precedida por una determinada visión o acto cognoscitivo preanalítico, en palabras de Schumpeter. Éste estará condicionado por el marco paradigmático del investigador, la ideología consciente o inconsciente y su circunstancia personal. José Luis Sampedro denomina este proceso “acotación de la realidad” y Carballo añade que se trata también de una acotación teórica. Como se ha dicho antes, teoría y praxis se condicionan mutuamente.

En una segunda etapa, se formulan las hipótesis. La observación de los hechos, su descripción y clasificación finalizan en una “formulación de una síntesis teórica en forma de hipótesis, modelo o teoría de carácter absolutamente provisional” (pág. 27).

En la tercera etapa, se concretiza la hipótesis a través de su desarrollo deductivo. Esto dará lugar a una nueva síntesis teórica, más rica que la primera pues ha sido objeto de “inferencias reductivas de verificación y falsación” (pág. 27). Hay que insistir en el hecho que este resultado será siempre provisional, histórico.

En la última etapa, la teoría elaborada a través del proceso de investigación debe ser sometida a la contrastación intersubjetiva. Es decir, debe ser presentada a la comunidad científica, debe ser explicitada. La explicitación se hará en un lenguaje formalizado y se ha de proceder de lo general a lo particular de tal modo que algo que ha sido tan arduo de analizar, sea presentado como algo lógico, sencillo y coherente; “como una rica totalidad de determinaciones y relaciones diversas, como un proceso de síntesis” (pág. 27).

En conclusión, el autor hace hincapié en la distinción entre método de investigación y método de exposición como ya hiciera Karl Marx. “La investigación abarca todo el proceso del conocimiento científico, la exposición sólo es posible cuando culminamos la primera etapa de la investigación” (pág. 28). Para Marx y Carballo esta primera etapa supondría una síntesis de la primera y segunda etapas expuestas anteriormente: sólo después de la formulación teórico práctica contrastada por el análisis empírico de la realidad que conduzca a una hipótesis lógica y coherente, será posible la explicitación del problema objeto de estudio.

Lio tremendo con Sweezy

Al terminar de resumir las lecturas individuales, me di cuenta del error que habiamos cometido en el grupo al dividir los capítulos de Sweezy. En pleno ataque de nervios, estábamos a lunes y había que entregar todo como muy tarde el miércoles, escribí un mail a mis compañeros que reproduzco a continuación:

  1. En las lecturas que tenemos que resumir individualmente, está incluido el capítulo I de Sweezy (El método de Marx) que Ned resumió para todos porque pensábamos que entraba dentro de los 3 primeros capítulos que teníamos que traducir conjuntamente, os acordais? Es decir, que Ned ha resumido un capítulo que teníamos que resumir todos de todas formas. Un lío.
  2. Por otro lado, ha habido una confusión en el reparto del resto de los tres primeros capítulos. A Machin le dije que resumiera el Cap II-7. El carácter fetichista de las mercancías y del Cap III el 1. El problema del valor cuantitativo. El problema es que, al indicar las páginas puse pp.44-52, cuando debería haber puesto pp. 44- 56. Me imagino que Machin sólo se anotó el número de las páginas y por eso sólo ha resumido el II.-7 ( El carácter fetichista....). Resumiendo, que falta por resumir de la página 52 a la 56 !!
  3. Y ya que estoy en pleno ataque de nervios y que ya no me entero de nada, por favor, decirme que en esto sí que lo hemos hecho bien. Acabo de revisar lo que ha mandado cada uno y, me he dado cuenta de que Machin ha mandado el resumen del Cap VIII, La naturaleza de las crisis capitalistas. Mi pregunta es, ¿no teníamos que hacer sólo hasta el capítulo VII, La transformación de los valores en los precios? Es decir, yo pensaba que a mí me tocaba el Cap VI, La tendencia descendente de la tasa de la ganancia, y a Machin el VII, La transformación de los valores en los precios, y que ahí se acababa todo. POR FAVOR; decidme que lo hemos hecho bien y a mí se me ha ido la pinza.....
  4. En cualquier caso, algo hemos hecho mal. ¿Cómo lo solucionamos? Como ya no queda casi tiempo y todos estamos liados con otras cosas, propongo explicarle al profesor lo que ha pasado y que se de por contento con lo que tenemos. No creo que le de mucha importancia ya que no es que no hayamos hecho nada, simplemente hemos cambiado unos capítulos por otros....QUE OPINAIS?

12 febrero 2007

Maldición !!!

Maldición !! No sólo voy fatal de tiempo y la contractura en el cuello no se me pasa sino que, encima, no entiendo nada de parte de la lectura de Manuel Sacristán !! No se cómo lo hará la gente, pero yo soy incapaz de resumir algo que no entiendo.
Y, ahora qué hago?
De momento, paso a la siguiente lectura.

11 febrero 2007

Parte de los resúmenes

Aquí van los reúmenes de las dos primeras lecturas. (pero todavía me quedan otras 3 más Sweezy!!!)

RESUMEN DE LECTURAS

Lectura Nº 1: Gino Longo: “Características del conocimiento científico”, en Manual de economía política, Comunicación, Serie B, pp. 17-24.

El texto de Gino Longo profundiza en el significado del concepto conocimiento científico a partir de premisas marxistas. Para el autor, “la finalidad del conocimiento y, por tanto, de la investigación científica, consiste en descubrir las normas, o sea, las leyes del universo empírico que rodea al hombre, de la realidad objetiva en la que éste se halla inmerso” (pág. 2).

Este tipo de conocimiento, se basa en tres aspectos fundamentales.

Primero, el científico tiene la obligación de describir y explicar la realidad; debe lograr explicar la realidad objetiva a partir de sí misma, evitando introducir elementos ajenos a ella. Gino Longo hace referencia a Hegel cuando afirma que, en última instancia, la ciencia no debe solamente proporcionar una explicación de la naturaleza, sino también su comprensión y conocimiento. Es decir, “conocer las relaciones que se establecen objetivamente entre los fenómenos de la realidad” (pág.2). El conocimiento de la realidad a partir de ella misma es la característica principal que distingue entre lo que es ciencia de lo que no lo es.

Continuando con este razonamiento, el autor se decanta por el marxismo al afirmar que “constituye la primera concepción del mundo basada total y exclusivamente en la ciencia” (pág. 3). La aplicación del razonamiento científico a todos los fenómenos de la existencia humana lleva, inevitablemente, al materialismo filosófico de Kart Marx y Friedrich Engels. Por lo tanto, toda ciencia coherente debe ser, necesariamente, materialista.

El tercer aspecto fundamental del conocimiento científico, es la acción. El conocimiento científico es una actividad humana destinada a la acción, entendida como la capacidad de la ciencia de modificar la realidad que previamente ha conocido y explicado. El autor hace aquí referencia a la clásica distinción marxista entre conocimiento y praxis, las cuales se condicionan mutuamente. “El conocimiento, que conduce a la cognición, es premisa de la acción, mientras que la acción es el fin último del conocimiento” (pág. 3).

Sin embargo, Gino Longo hace hincapié en no confundir el objetivo de la ciencia con la praxis. La meta última del conocimiento científico siempre será la cognición, entendida como la búsqueda de la verdad. De este modo, describe la relación entre ciencia y praxis en el siguiente esquema: “actividad cognoscitiva → cognición e interpretación de la realidad → praxis destinada a modificar la realidad” (pág. 4).

Por último, Longo hace referencia a la distinción básica que ha de hacerse entre una persona que se dedica a la ciencia-conocimiento, acción individual, de la que se dedica a la acción, necesariamente colectiva. Ambas actividades se dan únicamente en sociedad, son actividades colectivas, pero no deberían juntarse en una misma persona. Un científico debe mantenerse ajeno a la acción para salvaguardar la objetividad de su conocimiento. “El hombre de ciencia […] nunca debe preocuparse por las consecuencias prácticas de la misma, en contra de lo que ocurre con el hombre de acción” (pág. 4). Si lo hiciera, se convertiría en otra cosa, quizás un ideólogo, pero dejaría de ser un representante de la ciencia.

Lectura Nº 2: Roberto Carballo, “Nota Crítica de la lectura de Gino Longo, Manual de Economía Política, pp. 17-24”.

En este texto, el profesor Carballo hace una serie de reflexiones en torno a la obra de Gino Longo resumida en el apartado anterior.

En un primer lugar, defiende la definición de ciencia de Schumpeter[1] criticada por Longo de superficial y excesivamente empirista. Para Carballo, “tiene la virtud de ser una definición abierta que remarca la consciencia y la sistemática” (pág.7), características de la actividad científica. Sin embargo, ambas definiciones son muy parecidas al equiparar la ciencia al progreso “como un culto cuasi-religioso” (pág. 7). Para Longo desde un punto de vista materialista, para Schumpeter idealista, pero idénticos en considerar a la ciencia fuente de progreso inagotable.

El culto al progreso como ciencia es una constante en el pensamiento marxista. Aquí el autor llama la atención sobre la siguiente paradoja: la etapa histórica en la que predomina la ciencia como forma de conocimiento, representaría para el marxismo la fase terminal de la historia así como el capitalismo representa en la ciencia económica burguesa también la última fase de la historia, aunque no para el marxismo.

A continuación, Carballo critica la concepción materialista de la ciencia que afirma ser capaz de explicar la realidad objetiva a partir de ella misma. Tal objetivo le parece imposible de realizar, dado que la ciencia no es capaz de delimitar la realidad objeto de estudio y se dedica a imponerla una serie de hipótesis, axiomas y premisas que no surgen a partir de la realidad misma.

Por último, el autor plantea un debate al lector. A raíz de la afirmación de Gino Longo sobre la imposibilidad de ser un científico y, a la vez, una persona de acción, Carballo plantea la posibilidad de que la ciencia sea, en sí misma una actividad, una praxis. Si se acepta su presunción, la tesis de Longo quedaría invalidada y el científico no debería ser apartado de la política, del mundo de la acción.


[1] “Es ciencia cualquier tipo de conocimiento que haya sido objeto de esfuerzos conscientes para perfeccionarlo. Estos esfuerzos producen hábitos mentales –métodos o técnicas- y un dominio de los hechos descubiertos por esas técnicas” (J. Schumpeter, Historia del análisis económico)

Voy mal de tiempo

Aquí van dos de las cinco lecturas que hay que resumir. Me tengo que dar muchísima prisa. Todavía tengo que resumir el resto de las lecturas y Sweezy. Voy muy retrasada. Entre la gripe y los catarros que no se me pasan y el resto de exámenes, se me ha echado el tiempo encima. Supongo que la fecha límite para entregarlos es el próximo miércoles, día 14, fecha oficial del examen, glups glups.

30 enero 2007

Otra sección de Ned traducida y editada

Al final, también he traducido la parte que le tocaba a Javi. De este modo, él se pudo concentrar en las conclusiones. Tenía ideas mucho más originales que mis aportaciones, que hubiesen sido estrictamente académicas y, por esa razón, mucho más aburridas.....

Aquí van algunas definiciones de economías de guerra.
  • Economía de guerra estatal: organizada por un grupo político estructurado (Estados mayormente) a través de sistemas tributarios cuasi-legales sobre los ingresos/beneficios así como sobre los préstamos domésticos y exteriores. Este modelo es posible únicamente para aquellos grupos políticos que se benefician de un sistema fiscal altamente desarrollado, ahorros domésticos accesibles, o del crédito externo. Una economía de guerra estatal es normalmente capaz de proteger a la población civil. Sin embargo, su efectividad puede verse mermada en guerras a escala industrial, cuando los civiles son atacados como objetivos, que pueden tener efectos devastadores sobre las poblaciones (Hiroshima, Dresden, Holocausto).

    Comparada con:
  • Economía de guerra de guerrillas: muchos grupos armados que cuentan sólo con los recursos locales como fuente de financiación. Por está razón, deben desarrollar vínculos estrechos con las poblaciones locales a través de la persuasión política (LTTE de Sri Lanka, por ejemplo). Los grupos armados son muy vulnerables a la retirada del apoyo local –bien por su desplazamiento forzado o por la dura represión ejercida por sus oponentes. Deben, por lo tanto, desplazarse frecuentemente para proteger y salvaguardar a sus seguidores locales (guerrillas Maoístas en China, por ejemplo). Una variante de la economía de guerrillas suponen los pequeños grupos armados que necesitan escasa asistencia externa o local pero que actúan de modo estratégico para ganar el apoyo popular. Estos grupos están a merced de la voluntad política de la población y son vulnerables a su denuncia por parte de los locales. Este tipo de economía de guerra tiene un moderado impacto sobre la población civil, a menos que se adopten medidas de contrainsurgencia especialmente dirigidas a dañar a civiles y su economía (Bombardeo y recolocación de poblaciones enteras hacia “pueblos estratégicos” en Indochina o América Latina por parte de los Estados Unidos).
  • Economía de guerra predadora: grupos armados que se relacionan con las poblaciones locales y sus recursos económicos a través de la violencia, actividades predatorias y el trabajo forzado. Aunque se trate de un esquema eficiente como modo de subsistencia a corto plazo, este tipo de economía política tiene como resultado el progresivo agotamiento de los recursos y la disminución del apoyo político (post-1983 RENAMO en Mozambique). Esta economía de guerra tiene un impacto dramático sobre las poblaciones; desplazamientos masivos, indigencia y muerte. Sin embargo, a menos que el Estado colapse totalmente y/o las fuerzas armadas gubernamentales adopten esta estrategia, el impacto será limitado geográficamente.
  • Economía de guerra de alianzas externas: grupos armados organizan santuarios militares dentro de países vecinos y a lo largo de la frontera con su propio país con el objetivo de ganar protección externa así como apoyo económico y logístico (los Contras en Honduras; la Alianza de Fuerzas Democráticas, AFDL por sus siglas en francés, en la República Democrática del Congo). También pueden confiar en aliados externos a la hora de establecer bastiones dentro del país. Los grupos armados son altamente dependientes de los países de acogida y del apoyo externo. No pueden controlar fácilmente las poblaciones locales (que huyen de las áreas fronterizas y bastiones donde suceden la mayoría de los combates) ni sus recursos. Este tipo de economía de guerra tiene poco impacto sobre la población a menos que se elija una estrategia de sabotaje económico y/o terror político.
  • Economía de guerra humanitaria: la protección internacional y recursos provistos a la población civil –como refugiados internacionales o dentro de los denominados ‘safe havens’/refugios seguros- proporcionan un ‘santuario humanitario’ para los grupos armados (Khmer Rouge en Tailandia; Mujahideen afganos en Pakistán; Ejército de Bosnia-Herzegovina en enclaves bosnios). Los santuarios humanitarios ofrecen muchas ventajas: protección, recursos, control sobre la población, e influencia política. Este uso indebido de los santuarios puede ser impuesto a las agencias humanitarias por los propios grupos armados, pero también puede ser aceptado, o incluso motivado, por las consideraciones políticas de los estados donantes involucrados. Esta economía de guerra puede tener un impacto menor sobre la población civil fuera del santuario. Pero los efectos indirectos pueden ser devastadores (por ejemplo, sobre la población camboyana como resultado del apoyo de Occidente, Tailandia y China que recibió el Khmer Rouge durante los años 80; sobre las poblaciones Tutsi atacadas por las milicias de “refugiados” Hutu en el este de la República Democrática del Congo).
  • Economía de guerra comercial: la comercialización de recursos locales (gemas, madera, etc.) o el tráfico de bienes ilícitos (como drogas) se han convertido en el fundamento de muchas de las economías de guerra contemporáneas. Grupos armados crean santuarios económicos a través del control militar de áreas económicamente rentables (minas; plantaciones; puertos) y desarrollan redes comerciales con terceros, llegando incluso a colisionar con grupos rivales. Esta economía de guerra puede tener un impacto moderado sobre la población civil siempre y cuando existan otros sectores económicos o esquemas de redistribución. El impacto puede incluso ser positivo contribuyendo a la apertura de la economía o la protección de sectores ilegales. Sin embargo, la mayoría de las economías de guerra comerciales se convierten bien en economías-enclave, limitando el desarrollo de otros sectores y la participación de civiles (como en el sector de diamantes y petróleo en Angola), o bien en explotación (trabajos forzados en las plantaciones de caucho en Liberia). Este tipo de economías también contribuyen a la fragmentación de la autoridad y a la criminalización del conflicto.[1]


[1] The Political Economy of War: What Relief Agencies Need to Know…..completar la cita!!!

Sección de Ned traducida

Como nuestro Erasmus, Ned, ha aprendido en los últimos meses más cheli que español de la RAE, decidimos ayudarle a traducir su secciones del trabajo. De este modo, se pudo concentrar en el contenido del trabajo, y nosotros se tradujimos al crisitano. Esta es la parte que me tocó a mi traducir y editar.

Economías de guerra
En primer lugar, es importante resaltar que las situaciones de conflicto difieren mucho entre sí; lo que sea accesible para cada facción enfrentada, tanto si se trata de una insurgencia separatista como de un señor de la guerra a nivel regional, dependerá de los recursos que estén disponibles en el país. También será importante el papel que la influencia externa tenga sobre la financiación del conflicto.

A la vez, la duración del conflicto puede variar enormemente en función de cómo esté repartido el acceso a esos recursos. Si tanto el gobierno como las fuerzas rebeldes tienen acceso a recursos altamente lucrativos, como los diamantes, es más probable que tenga lugar un conflicto de larga duración y suma cero – como es el caso de Sierra Leona, por ejemplo.

Las actividades lucrativas en una economía de guerra están lejos de limitarse sólo a la extracción de recursos. El saqueo; la extorsión; la piratería; las tributaciones ilegales en rutas de transporte, puertos y aeropuertos; y el tráfico de drogas, entre otras, están también encaminadas al enriquecimiento ilícito. El problema para las facciones que se benefician de estas actividades es, como argumenta Mary Kaldor, que “en tiempos de paz, estas fuentes de sustento están mermadas”[1], y que semejantes ingresos difícilmente están garantizados en una situación de posconflicto.

Una economía de guerra no está estrictamente reducida a estas actividades “negativas”. También incorpora la economía informal que emerge cuando la formal, dirigida por el Estado, deja de funcionar. La necesidad, más que cualquier otra causa, es el origen de la flexible y elástica economía informal. Surge para proveer, tanto a aquellos que sólo intentan sobrevivir como a los que aspiran al poder político, los artículos que ya no se pueden adquirir a través de la difunta economía formal. Éstos pueden cubrir prácticamente cualquier cosa, desde comida hasta armas. En el caso de Somalia, donde el Estado es prácticamente inexistente, esto ha evolucionado hasta tal punto que “la guerra… [se ha convertido] en un sistema sostenible de organización económica”[2] – el papel del Estado en la economía ha pasado a ser superfluo.

Ha habido algunos intentos de distinguir a los actores que participan en una economía de guerra a través de la valoración de sus motivaciones:

1. Economía de combate: está dirigida a describir las actividades de aquellos que buscan sustentar el conflicto y beneficiarse con la guerra. Éstos están estrechamente ligados a la explotación de la riqueza de los recursos, y otras formas de comercio ilícito.
2. Economía en la sombra: describe lo que representaría el oportunismo económico. Es decir, aquellas personas que aspiran a sacar toda la ventaja que puedan de la guerra.
3. Economía de afrontamiento/coping economy: es la que se da en la mayoría de lo conflictos. Se trata de individuos que tratan de mantener un nivel básico de sustento económico en ausencia de un Estado funcional. Son aquellos que simplemente tratan de conseguir lo que pueden.

Estas descripciones simplifican lo que es, de hecho, una realidad muy compleja. Pero representan una guía útil sobre los componentes que forman una economía de conflicto.

Para que las fuerzas beligerantes puedan perpetuar un conflicto como un medio deliberado para asegurar un beneficio económico y poder político, necesitan recursos generados por una economía de guerra. Esta economía de guerra/conflicto juega un papel muy importante en el impacto que la guerra tiene sobre las poblaciones locales e, incluso, en el curso que tome el conflicto. Para insistir en este punto, es útil observar las formas que las economías de guerra pueden llegar adoptar. (Es importante recordar que estas formas no son excluyentes):

[1] Mary Kaldor, The Political Economy of War: What Relief Agencies Need to Know, ………………….
[2] …., External Actors in Stateless Somalia: A War Economy and its Promoters, ……………….

Mi sección del trabajo "Las escuelas de interpretación"

Esta es la parte que hace referecia a las escuelas de interpretación: ¿obedecen algunos conflictos exclusivamente a la codicia de algunos de sus actores?

Las escuelas de interpretación: la intersección entre necesidad, credo y codicia[1]

El final de la Guerra Fría dio lugar a un descenso de los conflictos entre Estados y, a la vez, un aumento de los conflictos civiles. La lógica de los grandes bloques dio paso a un nuevo tipo de guerra asimétrica donde diversos actores (señores de la guerra, bandas criminales, clanes poderosos y grupos terroristas), luchan junto al Estado por diversos objetivos, sobre todo económicos. La guerra ya no es monopolio de los Estados. La violencia se ha privatizado y se ha convertido en un negocio rentable.[2]

A su vez, la polítologa británica Mary Kaldor, argumenta que las nuevas guerras surgidas tras el final de la Guerra Fría sólo pueden entenderse en el contexto de la actual globalización económica, política, militar y cultural. Las guerras actuales han difuminado la distinción entre guerra y crimen organizado; son al mismo tiempo locales y dependientes de conexiones transnacionales. Pero, sobre todo, han fomentado una economía de guerra basada en el saqueo, las transacciones en el mercado negro y la asistencia externa y se sostienen gracias a una violencia continuada.[3]

Durante la confrontación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, el análisis de las guerras y conflictos se centraba, por un lado, en el papel que jugaban las superpotencias en defender sus intereses estratégicos y a sus aliados y, por otro, en la importancia de los factores internos (históricos, políticos y socioeconómicos) que generaban el resentimiento social que desembocaba en rebelión política y conflicto armado.

La mayoría de las investigaciones combinaban las dos perspectivas pero se centraban principalmente en las motivaciones políticas e ideológicas del conflicto, ya fuesen de actores nacionales o internacionales. Cuando se analizaban las cuestiones económicas, servían para explicar las formas en las que la pobreza y la desigualdad alimentaban unos motivos de queja y humillación subyacentes a las rebeliones que, por lo demás, obedecían esencialmente a objetivos políticos.

Para alcanzar sus objetivos políticos, los movimientos rebeldes necesitaban una serie de recursos económicos que lograban a través de toda una gama de comportamientos predatorios: secuestros por dinero, extorsión, robo, saqueo, desvíos de ayuda internacional (en muchos casos facilitada por funcionarios corruptos) y formas primitivas de tributación. Sin embargo, la búsqueda de recursos servía principalmente como medio para alcanzar un fin definido en términos políticos. Por ejemplo, reemplazar un régimen existente y/o sustituirlo por una nueva forma de orden político en una parte del territorio nacional o en su totalidad.

Durante los años noventa, una serie de devastadoras guerras en África hicieron que los académicos y expertos centrasen su atención de forma novedosa en las peculiaridades de este nuevo tipo de guerras para adaptar los esquemas resolución de conflictos a las dinámicas reales que se estaban dando sobre el terreno. Fue entonces cuando surgió el análisis de los recursos como algo que puede llegar a definir los objetivos o fines de muchos conflictos internos violentos.

En países como Angola, Sierra Leona y Liberia, los ingresos derivados de los recursos naturales, como los diamantes y el petróleo, parecían desempeñar un papel excepcional, no sólo en la financiación de los continuos y crecientes niveles de violencia de las fuerzas rebeldes y estatales, sino también en la redefinición de la misma finalidad de la lucha. Resultó novedoso ver cómo los recursos, por sí mismos, representaban no sólo un medio para alcanzar un fin sino el objeto mismo de la lucha. “El control de territorio y poblaciones se transformó en un objetivo económico y dejó de ser un objetivo puramente militar y estratégico, y la guerra se convirtió en un proyecto sumamente racional encaminado al enriquecimiento de unas elites o facciones particulares.”[4]

Uno de los primeros investigadores en captar esta dinámica fue el británico David Keen. El argumentó que, aunque no todas las guerras civiles de las posguerra fría estaban motivadas por agendas económicas, algunas de ellas que empezaron por motivaciones políticas se han “convertido en conflictos en los que los beneficios económicos a corto plazo son de capital importancia.” Keen advirtió de la necesidad de prestar atención a “la economía política emergente de los conflictos” afirmando que, puesto que “en las guerras civiles no se trata sólo de ganar”, las estrategias de resolución de conflictos tendrían que tener en cuenta que, a menudo, las fuerzas contendientes ganaban más con la continuación del conflicto que con la paz.[5]

Más adelante, Paul Collier y su equipo de investigadores del Banco Mundial, empezaron a considerar a muchos movimientos rebeldes como actores racionales. Sus controvertidos estudios cuantitativos les llevaron a afirmar que, en muchas ocasiones, las guerras civiles eran luchadas por actores más motivados por la codicia que por corregir humillaciones políticas, económicas, sociales o de carácter étnico.[6] Aunque inicialmente sus estudios se centraron en las motivaciones de los actores, versiones posteriores de su teoría prestaron más atención a los modos en los que los recursos económicos crean oportunidades que hacen sostenible la insurgencia.[7]

Existe un gran consenso en torno a que un Estado frágil proporciona el contexto idóneo para que surjan este tipo de conflictos. La ausencia de una autoridad efectiva y un sistema de gobernanza que proporcione los bienes y servicios básicos a la población, genera un contexto en el que crecen la pobreza y las situaciones de privación. Estos elementos pueden fomentar una sensación de necesidad, de expectativas incumplidas y situaciones de agravio entre la población, así como la explosión de sentimientos de identidad que pueden actuar como desencadenantes de un conflicto –también en situaciones de posconflicto. En muchas ocasiones, la causa que subyace tras las condiciones de privación es la incapacidad total o parcial del Estado y la codicia de sus gobernantes. La fragilidad de Estado está, por tanto, entre las cuestiones principales a tener en cuenta a la hora de diseñar estrategias de prevención, gestión y resolución de conflictos.[8]

Teniendo en cuenta todos los factores, Cynthia Arnson y William Zartman han diseñado un modelo de conflicto interno basado en la formulación necesidad-credo-codicia que sirve para entender la dinámica interna de estos conflictos y diseñar estrategias de resolución que aborden todos los factores del conflicto. Este modelo, capacita la actuación para la resolución del mismo en 3 momentos distintos:

“El modelo de conflicto interno comienza con el abandono por parte del Estado en un momento de expectativas crecientes, lo que produce una realidad y una sensación de privación, o agravio, en el primer acto, llamada necesidad. Esta sensación es movilizada hacia el conflicto por empresarios políticos que cultivan la realidad y la percepción de la privación selectiva de un grupo de identidad y se basan en ella, llevando el conflicto hasta el segundo acto, llamado credo.[9] La identidad no es sólo la base del conflicto, sino también un medio y la fuente de otros medios para sostenerlo. En el curso del enfrentamiento, el conflicto puede desembocar en la victoria de uno u otro bando, o en la resolución. Pero si llega a un punto muerto antes de su resolución y los actores quedan sin recursos, puede pasar a la búsqueda de medios que sustituyan la búsqueda original de fines, llevando a ambos bandos a un tercer acto, llamado codicia. La codicia, en la tercera fase, deforma y oculta las bases originales de la necesidad y el credo, y se apropia del conflicto, llevándolo desde los beneficios sociales (de grupo) a los personales (individuales).”[10]

Las investigaciones de la prestigiosa International Peace Academy de Nueva York, dirigidas por Karen Ballentine, confirman el avance de estas y otras tendencias de las economías de guerra de los conflictos internos.

· La autofinanciación de los conflictos armados contemporáneos.
· La importancia estratégica de recursos naturales lucrativos en muchos conflictos.
· El ambiente permisivo del comercio internacional liberalizado.
· La importancia de hacer un análisis de los actores que se benefician económicamente de la continuación del conflicto.

También hace hincapié en la utilidad de un enfoque integrado en el que no se analicen los factores necesidad-credo-codicia de forma aislada. Se debe tener en cuenta que no se dan de forma pura en un conflicto real, sino que siempre estarán interconectados.[11]



[1] Esta sección está ampliamente basada en la obra de Cynthia J.Arnson & I. William Zartman, Rethinking the Economics of War. The Intersection of Need, Creed and Greed, Woodrow Wilson Center Press, Washington 2005.
Existe una versión resumida de la introducción y conclusiones en español en Manuela Mesa y Mabel González Bustelo (coordinadoras), Poder y Democracia. Los Retos del Multilateralismo, Anuario CIP 2006, Centro de Investigación para la Paz, Madrid, mayo 2006, pp. 121-144.
[2] Herfried Münckler, Viejas y nuevas guerras. Asimetría y privatización de la violencia, Siglo XXI, Madrid, marzo 2005.
[3] Mary Kaldor, New and Old Wars: Organizad Violance in a Global Era, Standford University Press, Standford, 2001, pp. 1-12.
[4]Cynthia J. Arnson e I. William Zartman, “Economías de guerra: la intersección de necesidad, credo y codicia”, en Manuela Mesa y Mabel González Bustelo (coordinadoras), Poder y Democracia. Los Retos del Multilateralismo, Anuario CIP 2006, Centro de Investigación para la Paz, Madrid, mayo 2006, p. 123.
[5] David Keen, The Economic Functions of Violence in Civil Wars, Adelphi Paper, Nº 320, International Institute for Strategic Studies, Oxford University, Oxford, 1998, pp. 12, 17, 71-72. Citado en Cynthia J.Arnson & I. William Zartman, Rethinking the Economics of War. Op.Cit., p.3. [6] Paul Collier y Anke Hoeffler, “On Economic Causes of Civil War”, revisado en 1998, disponible en http://www.worldbank.org/research/conflict/papers.htm
[7] Karen Ballentine, “Program on Economic Agendas in Civil Wars: Principal Research Findings and Policy Recommendations”, Final Report, International Peace Academy, Abril 2004, Nueva York, p.3.
[8] En el informe del Secretario General de Naciones Unidas para la reforma de la organización, se propone la creación de una Comisión para la Consolidación de la Paz. Uno de sus objetivos es, precisamente, asistir a los Estados en riesgo de colapso para evitar que caigan o recaigan en situaciones de conflicto. A more secure World: Our Shared Responsability, Report of the Secretary General´s High-Level Panel on Theats, Challenges and Change, Nueva York, 2004, pp. 83-85.
[9] Este fue el caso que propicio el genocidio de Ruanda en 1994, entre otros.
[10] Cynthia J. Arnson e I. William Zartman, “Economías de guerra: la intersección de necesidad, credo y codicia”, op. cit, p. 139-140.
[11] Karen Ballantine, “Program on Economic Agendas in Civil Wars: Principal Research Findings and Policy Recommendations”, Final Report, International Peace Academy, Abril 2004, Nueva York.

Mis sección del trabajo "Estados Fragiles"

Voy a colgar las dos secciones de nuestro trabajo "Economías de guerra en el Africa Subsahariana" que he desarrollado. Para ahorra espacio, he suprimido la bibliografía del final.

ESTADOS FRAGILES

Desde Afganistán hasta Haití, en un amplio arco que incluye a Liberia, Sierra Leona, Kosovo o Costa de Marfil, una serie de Estados del sistema internacional son calificados desde diversas instancias como “frágiles” o “débiles”, cuando no en colapso de sus instituciones. En esos Estados no se garantiza la seguridad ni los derechos ni el acceso a bienes para la mayoría de sus ciudadanos. Son Estados disfuncionales en administrar seguridad, justicia, bienes públicos y bienestar.

Unos están en guerra (Republica Democrática de Congo, Sudan), o en complejos procesos de posconflicto con violencia (Afganistán, Haití), y otros en situación de frágil posconflicto (Angola, Liberia). En algunos hay desplegadas misiones de paz de las Naciones Unidas (Costa de Marfil, Sierra Leona). Algunos son Estados nuevos (Timor Oriental) o protectorados sin una situación legal clara (Kosovo) que difícilmente podrían ser operativos sin la presencia militar extranjera y la ayuda internacional. El secretario general de la ONU hasta diciembre de 2006, Kofi Annan, usó a los Estados frágiles en sus documentos preparatorios de la Cumbre de las Naciones Unidas de septiembre de 2005 para indicar la necesidad de trabajar conjuntamente sobre los problemas globales.[1]

La Evaluación Institucional y Política de Países del Banco Mundial identifica, basándose en diversos indicadores, entre otros los bajos ingresos, que 46 Estados son institucionalmente frágiles.[2] La inseguridad para las aproximadamente 870 millones de personas, o el equivalente, al 14% de la población mundial, que viven en esos Estados frágiles se manifiesta de diversas formas: económica, alimentaria, sanitaria, física, medioambiental, cultural y política. Todas ellas generan formas de inseguridad.[3]

El Banco Mundial indica que en esos países “la gestión de los asuntos públicos es insatisfactoria, (...) están inmersos en amplios conflictos internos o se están debatiendo en el proceso de culminación de precarias transiciones en situaciones posteriores a conflictos. (...) Todos tienen ante sí una generalizada falta de seguridad, fractura de las relaciones sociales, significativos niveles de corrupción, desintegración del Estado de derecho y falta de mecanismos de generación de poder y autoridad legítimos, una enorme acumulación de necesidades de inversión insatisfechas, y escasos recursos públicos para el desarrollo”.[4]

Según el analista Mariano Aguirre de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE), con sede en Madrid:

“Los análisis sobre la fragilidad del Estado deben tener en consideración dos factores. Por un lado, la continuidad y la persistencia de las formas coloniales en las estructuras políticas actuales. En la mayor parte de los Estados postcoloniales las formas coloniales se fusionaron con formas nuevas, dando a lugar a estructuras novedosas que no siempre responden al modelo tradicional europeo. Por otro, las formas nuevas de integración postcolonial de los Estados en el mercado mundial. O sea, la manera en que los Estados débiles se relacionan con actores estatales y no estatales externos; de qué forma son usados sus recursos y riquezas (especialmente los minerales) y cómo se vinculan con redes ilegales regionales y globales, al igual que cuestiones como la manera en que actúan las inversiones y la ayuda internacional humanitaria y para el desarrollo.”[5]

Un concepto controvertido

Pese a que estos problemas se asocian con la fragilidad institucional, el concepto de Estado frágil o débil es altamente controvertido. Analistas de país del Sur lo rechazan por considerar que abre la puerta a intervenciones del Norte con el supuesto fin de normalizarlos. A la vez, ponen en duda quiénes pueden juzgar la fragilidad de otros.[6]

La definición conceptual no es sencilla. Por ejemplo, un Estado dictatorial no es necesariamente frágil. Uno de los estudios que trata de llegar a una definición equilibrada indica que un Failing State (o sea un Estado en proceso de fragilidad) es aquel que:

a) es incapaz de controlar su territorio o gran parte del mismo y garantizar la seguridad de los ciudadanos debido a que ha perdido el monopolio del uso de la fuerza;
b) no puede mantener el orden legal interno;
c) no es capaz de suministrar servicios públicos a la población o de crear las condiciones necesarias de acceso a ellos.[7]

El imperio de la Ley en esos Estados “débiles” es parcial, limitado o inexistente, y el monopolio del uso de la fuerza, uno de los principios esenciales del Estado moderno, está debilitado o disperso. Algunos de los Estados frágiles están asolados por conflictos armados, otros se encuentran fragmentados. En todos ellos, la vida de la mayor parte de los ciudadanos trascurre entre diversos grados de violencia. La supervivencia se torna precaria y violenta.

La fragilidad institucional es un problema grave en los países afectados y también para el sistema internacional debido a su integración en economías ilegales, la generación de refugiados y emigrantes, el comercio de armas, y la posibilidad de que grupos criminales o terroristas usen sus territorios.

A partir de los atentados en Estados Unidos de septiembre de 2001 el problema de la crisis en determinados Estados ha tenido más reconocimiento por la conexión entre fragilidad del Estado y terrorismo. De acuerdo a su nueva doctrina de seguridad, EEUU planteó la responsabilidad del fracaso del Estado en la seguridad internacional. Sin embargo, muchos autores piensan que esta nueva estrategia podría llegar a usar como excusa la fragilidad de un Estado para sustituir la legalidad internacional y la soberanía de los Estados por cuestiones estratégicas y tácticas interviniendo en los asuntos nacionales de un Estado.[8]

Fragilidad institucional y conflicto armado

A las raíces históricas de la fragilidad estatal se suman los proyectos económicos fallidos. Los planes de ajuste estructural y disminución del papel del Estado promovidos por las agencias internacionales de crédito tuvieron un papel devastador en muchos Estados postcoloniales en los que el mantenimiento del sector público, por un lado, y las subvenciones del Estado a productos básicos alimentarios, por el otro, proveían un cierto nivel de equilibrio. Cuando ese equilibrio se rompió diversos grupos sociales y ciudadanos usaron la violencia como forma de supervivencia y de represalia.[9]

Desde las revoluciones postcoloniales hasta hoy el fracaso de los modelos desarrollistas, nacionalistas y los neoliberales, sumados a las guerras y la corrupción de las élites locales, han cerrado el acceso al trabajo y bienes a millones de personas. La falta de Estado, de democracia y participación en las decisiones, del imperio de la Ley, y de sistemas impositivos fiables que sirvan como forma de distribución de la renta, impulsa a grupos sociales a competir violentamente por recursos escasos o para acceder a esos bienes que les son estructuralmente negados. A la vez, algunas élites se han apoderado de los instrumentos estatales generando aparatos de poder cleptocrático.[10]

La vinculación entre fragilidad institucional y conflictos armados es directa. No todos los estados institucionalmente débiles están guerra, pero la mayor parte de los conflictos armados modernos se desarrollan en Estados institucionalmente débiles. O sea, la franja de los aproximadamente 50 Estados frágiles y la franja de los alrededor de 20 conflictos armados o guerras abiertas que hay en el mundo se superponen. Por otro lado, la tendencia indica que internacionalmente hay menos conflictos armados pero, sin embargo, hay una tendencia sostenida en una serie de Estados a mantenerse en crisis. El resultado es que pese a esa disminución de los enfrentamientos armados, la fragilidad estatal podría dar lugar a nuevos conflictos violentos.[11]

No necesariamente la injusticia social extrema genera guerra, pero favorece la violencia. Cuando los mecanismos culturales y sociales para la autorregulación de la violencia se ven afectados, entonces los conflictos pueden escalar hasta la guerra. El Estado pierde el monopolio de la fuerza y diferentes actores consideran que la violencia puede ayudarles a conseguir determinados objetivos.

Además, en muchos de los Estados denominados frágiles la pobreza institucional va a unida a una inmensa riqueza en recursos naturales. La cohesión entre los grupos con identidades diferentes es débil o inexistente. No existe confianza mutua y las posibilidades de recurrir a la violencia son muy altas.

[1] A more secure world: our shared responsability, Report of the Secretary-General´s High-Level Panel on Threats, Challenges and Change, UN, New York, 2005.
[2] Afganistán, Angola, Azerbaiyán, Burma, Burundi, Camboya, Camerún, República Central Africana, Chad, Comores, Costa de Marfil, República Democrática de Congo, Djibouti, Dominica, Eritrea, Etiopía, Gambia, Georgia, Guinea, Guinea Bissau, Guyana, Haití, Indonesia, Kenia, Kiribati, Laos, Liberia, Malí, Nepal, Níger, Nigeria, Papua Nueva Guinea, República de Congo, Santo Tomé y Príncipe, Sierra Leone, Islas Solomon, Somalia, Sudán, Tajikistán, Timor Oriental, Tonga, Togo, Uzbekistán, Vanuatu, Yemen y Zimbabwe. Ver “World Bank Group Work on Low-Income Countries Under Stress: a Task Force Report”, Septiembre 2002. http://www1.worldbank.org/operations/licus/documents/licus.pdf
[3] Mariano Aguirre, “Eslabones débiles de la Globalización. La fragilidad institucional de los Estados poscoloniales”, Comentario Enero 2006, FRIDE, www.fride.org
[4] International Evaluation Group, Engaging with fragile states, The World Bank Washington D.C, 2006, p. Liii. www.worldbank.org/ieg/licus/
[5] Mariano Aguirre, “Eslabones débiles de la Globalización. La fragilidad institucional de los Estados poscoloniales”, Comentario Enero 2006, FRIDE, www.fride.org
[6] Susan Woodward, “Failed States. The power of words”, www.enjeux-internationaux.org
[7] Failing States. A Global Responsability, Advisory Council on Internacional Affairs, Número 35, Mayo 2004, La Haya, p. 11. Citado en Mariano Aguirre, “Violencia y Estados (¿frágiles?) en América Latina”, Comentario Diciembre 2005, FRIDE, www.fride.org
[8] Susan Woodward y Mark Taylor, “Estados frágiles: soberanía, desarrollo y conflicto”, Informe del Centro de Investigación para la Paz, Madrid, 2005.
[9] Marin Doornbos, Susan Woodward, Silvia Roque, “Failling States or Failed States? The Role of Development Models: Collected Work,” Working Paper 19, FRIDE, Febrero 2006. www.fride.org
[10] Mariano Aguirre, “Eslabones débiles de la Globalización. La fragilidad institucional de los Estados poscoloniales”, Comentario Enero 2006, FRIDE, www.fride.org
[11] Mariano Aguirre, “La crisis del Estado en los países del Sur”, en José Zepeda Varas, compilador, Estados Frágiles, Radio Nederland Wereldomroep, octubre 2006, pp. 117-125.

06 enero 2007

Esquema de trabajo

1. El Estado frágil, características (COVI), contexto africano (MACHIN), consecuencias: triángulo violencia-armas-recursos naturales (MACHIN) (web de FRIDE)
2. La inserción internacional: Planes de Ajuste Estructural, fin contratos Guerra Fría, privatización seguridad y proliferación de armas ligeras (MACHIN)
3. Definiciones de Economía de guerra (Rufin ICRC, Arnson, Firzgerald, IPA)(NED)
4. Recursos codiciados (Collier, M Kaldor) (NED)
5. Las escuelas de interpretación: codicia o política? (Arnson) (COVI) debate entre política o codicia como causas de los conflictos.
6. Las economías de guerra en Africa Subsahariana (Thomson African Politics) contexto general y caso de estudio. Congo, Sierra Leona, Angola (¿?) (JAVI)
7. Conclusiones: entre todos
Lo azul son recursos bibliográficos que tengo yo. Pero, hemos quedado que, según vayamos, leyendo, nos mandaremos lo que encontremos interesante para las otras partes del trabajo a quién esté trabajando el tema. Ned tiene muchísima información y yo algunos libros buenos. La idea es tener cada uno nuestra parte terminada para enero para poder homogeneizar el trabajo y escribir las conclusiones.
Nos toca presentar en clase el trabajo el 17 de enero. ¡Hay que darse prisa!

Introducción al tema Economías de Guerra

Economías de guerra en el África Subsahariana
(título provisional)

Un análisis de la relación entre conflicto armado, recursos naturales que tienen demanda internacional y el Estado institucionalmente frágil.

Una serie de Estados del sistema internacional cuyos territorios poseen recursos naturales se han encontrado en las últimas décadas en situación de conflicto armado.

Los recursos naturales --especialmente los diamantes, las tierras aptas para el cultivo de la base de drogas, el oro y el petróleo-- han sido codiciados por gobiernos locales y grupos armados, en ocasiones actuando por su cuenta y en otras como emisarios de intereses extranjeros.

Las estructuras estatales débiles, y en algunos casos inexistentes, han favorecido que la pugna por el control y explotación de los recursos se realice de forma violenta. A la vez, esta falta de Estado y la codicia de los diferentes grupos ha impedido que la riqueza que generan esos recursos pudiese ser utilizada para el desarrollo de estos países.

La confrontación violenta por los recursos ha generado una serie de teorías sobre las economías de las denominadas nuevas guerras (posteriores al final de la Guerra Fría). Para unos autores, la codicia es el factor esencial que ha guiado, y guía todavía, algunos grupos armados. Para otros, el factor principal es la necesidad y la exclusión social lo que moviliza a grupos sociales a rebelarse. Para la primera escuela de análisis, el beneficio del control del Estado o de determinados recursos está por delante de la política. Para la segunda, el factor político es el predominante, y la economía es un factor secundario.

Entre las dos escuelas, hay una serie de estudios sobre casos concretos (Angola, Sierra Leona, Liberia, Afganistán, Colombia, entre otros) que indican que determinadas luchas empiezan siendo políticas y se convierten en fines económicos perdiéndose la reivindicación por el cambio social.

El debate sobre las economías de las nuevas guerras se inserta en el contexto de la globalización o mundialización de la economía. Hasta los años 80, el control de los recursos naturales se realizaba siguiendo el modelo colonial de control desde fuera a través de delegados (gobiernos, compañías) locales. A partir de esa década se modifica la relación entre los países del Sur que tienen recursos con fuerte demanda y poca estructura estatal y los países del Norte. Los intermediarios locales e internacionales se amplían y diversifican: grupos mercenarios, otros países del Sur que intervienen en sus vecinos para apropiarse de los recursos (como es el caso de varios Estados en la República Democrática de Congo), empresas multinacionales. La mayor parte operan de forma ilícita.

Este trabajo describe de forma general la situación desde la perspectiva de la economía política de los conflictos. Toda guerra tiene ganadores y perdedores económicos, pero también se generan cambios en las estructuras económicas. Los Estados denominados “frágiles” ven modificadas sus estructuras y su forma de inserción en el mundo, en gran medida debido a las guerras por sus recursos.

06 diciembre 2006

Somosaguas e innovación académica

Con bastante retraso, comienzo hoy a escribir en el blog de la asignatura de Sistema Económico Mundial. De momento, intentaré plasmar mi reacción ante este nuevo e innovativo método de enseñanza y aprendizaje. Para ello, sin embargo, he de remontarme años atrás hasta el día en que comenzé mis estudios de Políticas en la facultad de Somosaguas, allá por octubre de 2000.

Mi experiencia académica desde entonces, ha ido de mal en peor. Los primeros dos años estuvieron llenos de ilusión y muchas ganas de aprender, a pesar de la estupefacción que me provocaba, viniendo de la tradición académica germana, la cultura de los apuntes y clases magistrales al dictado. Este primer desconcierto era suplido con grandes ganas de aprender y la certeza de haber escogido la carrera que más me llenaba a distintos niveles, tras haber dejado mis estudios de Arqueología y Egiptología en Alemania.

Sin embargo, esta primera y cándida ilusión fue dando paso a la terrible realidad de la facultad de Somosaguas (no me atrevo a extenderla al resto de la universidad complutense o española por desconocimiento. Aunque, recientemente un catedrático de Barcelona me comentaba que ponía el ejemplo de Políticas en Somosaguas en sus clases para explicar el estado de naturaleza en Hobbes). Decepcionada, frustrada y muy cabreada con la dinámica tanto de profesores como alumnos, decidí huir del "pacto de mediocridad" de esta facultad (el profesor hace como si da clase y el alumno como si aprendiese, todos contentos). Pasé un año de Erasmus en Viena, otro mundo con sus cosas buenas y malas pero nunca tan malas como Somosaguas, y gracias a esta beca, tuve la oportunidad de conocer a un catedrático de verdad que me facilitó unas prácticas en las Naciones Unidas en Nueva York (oportunidad, tipo de profesor y facilidades nunca vistas en la complutense y menos para un alumno de fuera). Allí pasé 6 meses en prácticas y luego fui contratada durante unos meses más como consultora.

Tras este feliz período, vuelvo a Somosaguas a terminar la carrera cuanto antes ya sea suscribiendo el pacto de mediocridad, es decir, vomitando una serie de apuntes dictados por un profesor que lleva años sin publicar un trabajo académico en un tipo de examen ridículo que no hacía desde 8º de EGB, o intentando esquivar a estos personajes matriculándome con profesores conocidos que dan clase de verdad, que transmiten conocimientos adquiridos durante muchos años de trabajo académico y experiencia docente (después de casi 7 años no he llegado a conocer más de 5 de este tipo).

Después de esta larga introducción, llegamos a esta asignatura y su método innovativo en cuestión. Agradezco mucho el intento del profesor Carballo de aportar su "granito de arena" en la transformación del sistema académico español. Pero, en mi caso, llega demasiado tarde. En los primeros años de carrera hubiese estado fascinada por la metodología pero ahora sólo me produce desconfianza.

Ni dictado de apuntes ni experimentos virtuales con blogs individuales, grupales y colectivos. Lo que me gustaría de esta facultad, lo único que pido (parecer ser demasiado) es que los profesores den clase, nada más y nada menos. Por clase entiendo un temario bien preparado, que se corresponda con el título y contenidos de la asignatura, basado en el trabajo académico y experiencia docente del profesor, transmisión de conocimiento genuino, (no el dictado de un refrito de teorías extraidas de varios manuales), acompañado de lecturas de los autores que más contribuyesen a la temática en cuestión, o al enfrentamiento entre los mismos, e intercalado de intercambio de ideas, dudas, conocimientos, sugerencias entre profesor y alumno. Intercalar clase magistral con seminario de interacción profesor-alumnos. Preparar e impartir, en definitiva, una clase de nivel universitario, independientemente de que nos guste el contenido o el profesor sea mejor o peor docente.

¿Tan difícil es dar una clase universitaria?