SWEEZY, por fin !
Por fín he terminado con Sweezy. Me ha costado tanto entenderlo que he tenido que pedir prestado un libro sobre conceptos marxistas, Diccionario del pensamiento Marxista, de Tom Bottomore.
Cuelgo aquí, todo seguido, las partes que me han tocado resumir: la introducción (lectura individual obligatoria), Cap. II El problema del valor cualitativo (del punto 1. al 6.) y el Cap. VI entero, La tendencia descendente de la tasa de la ganancia.
He tenido que resumir mucho para que quede un texto legible, lógico y coherente. Espero no haberlo sintetizado en exceso. Por otro lado, al final estaba ya tan harta de resumir que aproveché que finalmente entendía algo para introducir mi pequeña reflexión sobre el capitalismo actual (aprovechando que Sweezy critica a Marx en el cap. VI, me atreví ha hacerlo yo también, jeje)
Comentario
Paul Sweezy, Teoría del Desarrollo Capitalista.
Fondo de Cultura Económica, México, 1974.
Introducción
La economía denominada clásica ve a las relaciones económicas como un libre intercambio entre productores. El marxismo, en cambio, logró poner en evidencia que detrás de esa aparente sencillez hay un trasfondo en el que se encuentran relaciones sociales y mecanismos de explotación y apropiación del trabajo y su valor por parte de unos hacia otros.
Paul Sweezy, recientemente fallecido economista marxista de Estados Unidos, fundador de la famosa revista Monthly Review, hace en este libro una lectura de parte del pensamiento de Karl Marx, con una perspectiva crítica a la vez que actualizando su pensamiento. Su intención es “descubrir lo que se puede, si algo se puede, aprender de Marx” (pág. 18).
En la introducción, el autor realiza una lectura crítica de los economistas clásicos, tomando la obra de Lionel Robbins, Naturaleza y significación de la ciencia económica, como ejemplo. Sweezy considera que los economistas manejan un lenguaje que encubre la realidad de las relaciones sociales. Conceptos como renta, interés, ganancia, capital, son asumidos con una cierta naturalidad, pero, en realidad “se les extrae el contenido social y las categorías universales” (pág. 17).
En particular, el autor toma el ejemplo del salario. Para los economistas clásicos, el salario es la cantidad de dinero que los patronos pagan por un trabajo determinado a sus trabajadores o trabajador. El salario para Marx, sin embargo, y en la lectura de Sweezy, es la expresión de una relación en la que están presentes otras variables (por ejemplo, inversión en infraestructura) y muy especialmente, la acumulación que se logra a través de la transformación el trabajo en mercancía. En otras palabras, cuando el trabajo de cada uno se transforma en mercancía, se producirá una ganancia por plusvalía, o valor que el conjunto de trabajadores invierten en la producción, y que redunda en beneficio de los propietarios de los medios de producción.
El intento de Sweezy, en definitiva, es tomar las relaciones sociales “y ponerlas a discusión”.
II. El problema del valor cualitativo
Tal como lo explica en la Introducción al libro, Sweezy sigue la línea de Marx de mostrar o desvelar conceptos que la economía clásica o convencional utiliza, y desde ahí llegar a explicar las relaciones sociales que se manifiestan en esos conceptos.
Mercancía es el primer ejemplo que toma en este capítulo. Sweezy cita al gran economista Adam Smith para quien la naturaleza humana tiene una tendencia a “traficar, a trocar y a cambiar una cosa por otra” (pág. 33) y que asoció el intercambio con la división del trabajo. Pero a continuación explica, siguiendo a Marx, que las dos cosas deben verse de forma separada para, posteriormente, poder unirlas en una forma diferente de verlas.
Marx consideraba que la división no está necesariamente ligada al cambio o intercambio. “La producción de mercancías no es la forma universal e inevitable de la vida económica” (p´g. 34), dice Sweezy. Y volviendo a Marx recuerda que “los productos sólo pueden convertirse en mercancías, los unos con relación a los otros, como fruto de diferentes clases de trabajo, siendo cada clase realizada independientemente y por cuenta de individuos privados” (pág. 34).
Esto cuestiona la idea que la producción de mercancías esté en la naturaleza humana. El intercambio o trueque era una cosa, pero una división más compleja de la producción es lo que genera “relaciones sociales subyacentes a la forma mercancía”, como indica Sweezy. O sea que hay “una relación específica, históricamente condicionada entre productores” (pág. 35).
Ahora es preciso volver atrás. Sweezy plantea que la originalidad de Marx fue poner juntas el valor cualitativo y el valor cuantitativo en un solo “armazón conceptual” (pág. 35). De ahí surge la teoría del valor de uso y la de valor de cambio.
Valor de uso
Marx consideró que toda mercancía tiene un valor de uso y un valor de cambio. El valor de uso expresa una relación entre quien consume y el objeto consumido. Marx prestó menos atención al valor de uso dado que no encontró que tuviese una relación social directa. Pero el valor de uso es importante en la medida que es a partir de él que se desarrolla la “cadena causal” (pág. 36) que empieza en la producción simple y termina en el análisis sobre la división de clases entre obreros y trabajadores.
Valor de cambio
Las mercancías, explica Sweezy tienen un valor único porque expresan un valor de cambio de unas hacia otras. O sea, los productos tienen un valor en relación a otros productos en una sociedad que se rige por el intercambio.
La cuestión clave es que Marx volvió a poner las cosas en sus orígenes más esenciales, pero que la economía clásica encubriría. Las mercancías son productos del trabajo humano en sociedades con división del trabajo. El intercambio de mercancías es un cambio de productos del trabajo humano en una sociedad basada en esa división del trabajo. Este análisis, unido a la propiedad privada de los medios de producción, es lo que va a conducir a Marx a su análisis en el que identifica “el trabajo como sustancia del valor” (pág. 38).
Trabajo y valor
La teoría de Marx tiene una clara orientación a revelar lo que no es evidente. En el caso concreto del valor, Marx se refiere “al valor que yace oculto detrás” (pág. 38). Otro analista marxista, Petry, citado por Sweezy, indica que “sólo una propiedad de la mercancía nos permite suponerla portadora y expresión de relaciones sociales (...) su propiedad como producto de trabajo” (pág. 39).
El trabajo tiene dos aspectos que se vinculan con la teoría del valor en Marx. Por un lado tiene un valor de uso y por otro el valor de mercancía. Una mercancía tiene un valor de uso determinado por la utilización que haga de ella quien la consume. Pero hay otro valor importante que es el trabajo humano que se invierte en ella, junto con los recursos para fabricar esa mercancía.
Sweezy ofrece el ejemplo de una chaqueta que para producirla se precisan diversos elementos (paños, hilos) y maquinarias, pero recuerda que también hay un “gasto en trabajo humano” (pág. 39).
Marx hablaba de trabajo “abstracto” para referirse a todo el trabajo pero cuando ese trabajo se invierte en producir un bien, una mercancía, se transforma en “trabajo útil, concreto, que produce valores de uso” (pág. 40).
Trabajo abstracto
Marx consideró el trabajo abstracto como una definición genérica de toda actividad humana productiva. Su análisis se refiere al trabajo como “una sustancia” (pág. 40) que impregna cada cosa (cada mercancía).
La cuestión es que Marx se refirió a esta aparente generalidad para poder analizar su función como “esencia del capitalismo” (pág. 41), en palabras del filósofo Giorgi Lukacs. La sociedad capitalista cuenta con el trabajo como el motor esencial de su funcionamiento. En los trabajos de Marx se perfilan ya factores como la alta movilidad de los trabajadores, para desplazarse hacia donde hay trabajo (algo que se puede aplicar actualmente a un juego de oferta y demanda en los fenómenos de la crisis del trabajo en unas partes del mundo y la demanda de personas para pagarle bajos salarios en otras).
También Marx vio la cuestión del volumen total de trabajadores. O sea, que la aparente abstracción de Trabajo se materializó en sus análisis en la observación que el capitalismo toma al conjunto del trabajo o sea, como indica Sweezy, “el volumen total de la fuerza de trabajo social y su nivel general de desarrollo”. O sea que, en definitiva, se puede ver que hay una suma de trabajo social que es susceptible de transferencia de un uso a otro de acuerdo con la necesidad social, y de cuya magnitud y desarrollo depende en última instancia la capacidad productora de riqueza de la sociedad” (pág. 42).
La relación de lo cuantitativo con lo cualitativo en la teoría del valor
Sweezy dice que “el trabajo abstracto es la sustancia del valor” (pág. 42). Aquí comienza la parte del análisis marxista que llegará a ver la estructura de la economía política moderna.
Por un lado, las mercancías son valores que absorben una parte del total de la fuerza de trabajo disponible en la sociedad, La mercancía es, por lo tanto, el punto de partida y “la categoría central de la economía política de los tiempos modernos”(pág. 43). Esto significa que una mercancía “ha absorbido una parte del total de la actividad productora de riqueza de la sociedad”.
Marx se refería a la forma en que el valor expresaba “la parte del tiempo total de trabajo de la sociedad que se requiere para producirlo”.
En resumen, Marx conectó el trabajo invididual, el tiempo de trabajo, el trabajo abstracto (del conjunto de una sociedad dada) y la producción de mercancías. A partir de ahí otorgó a la mercancía un valor social. Ese valor es el que le llevará a revelar las formas de la explotación.
VI. La tendencia descendente de la tasa de la ganancia
Marx consideraba que la acumulación de capital iba unida a una mecanización progresiva del proceso de producción. Esto llevaría a mayor productividad, más eficiencia y competitividad. Por otro lado, esto supondría también tener que contratar más trabajadores (o menos, porque los adelantos tecnológicos reducen la necesidad de personal) y satisfacer más demandas de los trabajadores.
Los conceptos en juego en la teoría de la tendencia descendiente de la tasa de ganancia son composición orgánica del capital, plusvalía y tasa de ganancia.
Marx indicó que una serie de obstáculos podrían hacer que después de períodos de crecimiento y alta ganancia se produjeran momentos de crisis estructurales. Entre esos obstáculos se encuentran el abaratamiento del capital constante, el abaratamiento de la intensidad de exploración, la depresión de los salarios más debajo de su valor, sobrepoblación relativa y comercio exterior.
Sweezy comenta cada uno de estos elementos, y se aprecia que cada uno de ellos puede conducir a una caída de la tasa de ganancia, pero también pueden tener un efecto contrario. La principal contradicción aparece en que Marx indica que una tasa constante de la plusvalía coexistiendo con una composición orgánica ascendente del capital puede generar crisis. Sin embargo, Sweezy cree que esto es una contradicción. Y considera que otros autores que han seguido a Marx han equivocado también sus análisis.
Marx acertó en investigar que unos salarios más altos y unas condiciones de trabajo mejores harían descender directamente los beneficios y estimularían el aumento de la mecanización. Todo esto generaría más costes para el propietario de los medios de producción. A la vez, indicó que la competitividad y la ampliación del capitalismo a otras partes del mundo (recordemos que Marx vivió y escribió en el siglo XIX) le permitirían una salida a la crisis.
Sweezy, por su parte, indica que Marx no consideró suficientemente otras variables como es la fuerza de los sindicatos, la acción del Estado en beneficio de los trabajadores, las mejoras otorgadas por las organizaciones patronales, la exportación de capital y la acción del Estado hacia el capital.
Estos factores aminoran las crisis. La teoría de Marx, sin embargo, es muy importante para revisarla hoy cuando el capital es cada vez más internacional en el marco de la denominada globalización, cuando el trabajo asalariado ha cambiado fuertemente su composición (con grandes masas de trabajo no regular, migraciones, y contrataciones puntuales por tiempo corto), y cuando se ha producido la deslocalización de la producción y la alta tecnología ha sustituido en parte a la mano de obra.
Pese a estos factores, hay crisis cíclicas pero, al mismo tiempo, el sistema económico y financiero parece tener mecanismos para contener estas crisis. Entre tanto, la conciencia de clase de la que hablaba Marx parece estar más lejana que nunca.
